Ser vida y Luz para otros

Coincidí con la oportunidad de vivir el Curso – Taller Arrupe 6, vamos, que yo a talleres de liderazgo ignaciano ya había ido, al igual que a misiones y hasta experiencia rural.

Creo firmemente en que coincidir, es un mero panzazo en el camino de otra persona u otra cosa, que no queda ahí, tienes que ser abierto y dispuesto a levantarte y continuar por ese camino. Pienso que Arrupe 6 forma a locos, locos que como bien dice Lebret, les gusta dar el salto a la inseguridad, de esos locos del presente que les guste la vida sencilla y ser amantes de la paz y el cambio.

Para tumbar paredes de concreto, primero tenemos que tirar las que nosotros tenemos en el corazón, tenemos que estar limpios, reconocer esos defectos que nos hacen únicos, que nos hacen ser como somos y caminar como caminamos, todo esto es diversidad, sin embargo, de nada sirve ser diferente si no aprovechas y no te sientes gustoso por ser oportunidad de cambio.

Arrupe 6 me dejó eso, las ganas para hacer y realidades que conocer. El estar con gente de diferentes países, me abrió fronteras y me dio una perspectiva más honesta, no solo de mi país, pues ahora ya tengo punto de comparación, creo que si un problema ya es grave a nivel nacional, es de preocuparse y de abrir las manos si sucede en otras partes. No es sacar frutos de donde sea para tenerlos guardados y que después caduquen, es cosechar frutos, para después sembrar sus semillas y que otros puedan experimentarlo, que se den cuenta que un cambio es posible si abrimos la mente.

No quiero ser la primera ni la última que hace un cambio, quiero hacerlo junto con una comunidad, esa persona que me enseñó y me demostró que al dejarse tocar el corazón por diferentes realidades, por personas desconocidas, por otros corazones, puedes dejar una huella en la arena que no se va a borrar ni con el viento más fuerte.

Tenía mi propia definición de Dios, no como muchos lo pintan; alguien supremo, que está arriba, alguien que solo entiende si le hablabas bien y bonito, lo entendía como un amor tremendo, algo grande en pocas palabras. Sin embargo, me quedo con que es más que abrir un corazón, más que saber hablar, más que saber caminar, simplemente es ser más que más de lo que puedes ser, es ese sentir, ese soñar, el bien hacer y vivir, para así compartir e invitar a otros a ser humanos; Dios es eso, el reflejo de su propio amor, de ese vivir rico y de una comunidad que trabaja para ser humanos que cuidamos del otro humano. Dios es amigo, que abraza, ama y habla muchísimos idiomas. Mi invitación después de Arrupe 6, es ser y estar en el lugar donde me necesiten, contemplar y reaccionar correctamente en la situación, e invitar a ser vida y luz para otros.

 

Ana Daniela Iracheta Jiménez

Alumna de 5° de bachillerato del Instituto Lux

 

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