Lo que rebosa el corazón

Jesús ciertamente no asistió a ninguna escuela de escribas ni fue discípulo de ningún maestro de la ley. Fue sencillamente un vecino sabio e inteligente que escuchaba con atención y guardaba en su memoria las palabras sagradas, oraciones y salmos que más quería. No necesitaba acudir a ningún libro para meditarlo todo en su corazón. Cuando un día Jesús enseñe su mensaje a la gente, no citará a ningún rabino, apenas sugerirá literalmente ningún texto sagrado de las Escrituras. Él habla de lo que rebosa su corazón. Según Jesús, “de lo que rebosa el corazón habla la boca” (Mateo 12,34). La gente se quedaba admirada. Nunca habían oído hablar con tanta fuerza a ningún maestro (Marcos 1,27)’.

Sergio Guzmán S.J.

  • ¿Cuáles son las palabras sagradas, oraciones, salmos que más atesoro en mi corazón?
  • ¿Cómo comparto a los demás lo que hay en mi corazón?
  • Cuando escucho a los demás, ¿qué rebosa mi corazón?

 

 

 

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