“El amor de una voluntaria”

Una coincidencia perfecta. La fortuna de estar en cierto tiempo, en cierto momento y en cierto lugar adecuados, fue lo que experimenté en la Granja Hogar de Chihuahua. Espero poder plasmar en estas palabras lo que siente mi corazón al recordar mi voluntariado y transmitir ese sentimiento. Si no, por lo menos haré el intento.

La Granja Hogar es un lugar para dejar el corazón volar. Son paredes que han visto desde hace ya muchos años a cientos de niños despertando. Despertando de una golpeada realidad de pobreza, marginación y falta de oportunidades. La Granja les brinda a estos niños atención, educación y un hogar, buscando que cuando sea el momento, salgan al mundo como personas comprometidas y participativas. De las tareas más importantes para mí, que tiene la Granja Hogar hacía con los niños, es devolverles su valor.

Actualmente se acogen alrededor de 200 niños y niñas. Inevitablemente tengo que mencionar lo que significan aquellos 200 niños que se robaron mi corazón; mismos que al inicio pedían que me fuera por una clase de rabia, que después comprendí, guardaban hacia su mundo y no hacia mí, pero que al final pedían que me quedara con lágrimas en los ojos.  No es posible no hablar sobre ellos por una sencilla razón: son el alma del proyecto, son la razón de todos los colaboradores que pasamos por la Granja.

Los niños de la Granja Hogar son increíbles. Más de una vez me sorprendió su forma de superarse, de amar a su manera, de adaptarse a los cambios, de alegrarse por cosas tan simples y sobretodo, de su capacidad para atravesar situaciones difíciles y seguir con una sonrisa en el rostro al final del día. Todos y cada uno de ellos son únicos, tienen pasados distintos e historias diferentes, pero tienen una cosa en común: combaten el desamor.

En la Granja amé tan intensamente que notaba tal amor reflejado en muchas formas. En mis compañeras voluntarias, colaboradores, en Dios, en rincones especiales y también en mí. Todos estábamos comprometidos con los niños para luchar por el cariño y apostar al amor. Con todo esto, no pretendo dejar a la imaginación un mundo perfecto dentro de la Granja Hogar. Al contrario, hubo muchas situaciones dolorosas e injustas con las que me topé en la vida de los niños que quisiera cambiar pero no estaba en mis manos. Comprender esto fue especialmente difícil para mí. Fue justamente darme cuenta que las pequeñas cosas son en efecto, las que alegran el corazón, lo que me mantuvo adelante en los días difíciles. Por “pequeñas cosas” me refiero a un abrazo, un “gracias”, una sonrisa o un gesto.

Nuestro trabajo como colaboradores del proyecto era recordarles a los niños que el amor es lo normal. Que tienen un valor único. Y es que, equivocado está el que piensa que aquellos niños no merecen tener todo el amor del mundo y una vida feliz. No solo ellos, la verdad pienso que no se debería arrebatar la inocencia y el cariño a ningún niño del mundo.

Pero educar no es tarea sencilla. Aprendí que la manera más efectiva para hacerlo es a través del ejemplo. Martha, una maestra de la escuela primaria de la Granja Hogar, me dijo una vez: “Los niños reflejan el mundo de los adultos con los que viven”…y le creo. Por eso, quiero enfatizar en la importancia de que nosotros como agentes externos, promovamos el amor y el buen trato.

Desde mi llegada hasta el día que tuve que decir adiós, ahora puedo contar, que de la mano de Dios, lo que me impulsó a vivir este voluntariado lejos de mi casa y mi realidad es el hecho de que me debo al amor. Y es por eso mismo que estoy completa y absolutamente convencida que el amor siempre vale la pena y transforma. Que, aún con miedos e incertidumbre, valía la pena arriesgarme e ir hacia lo desconocido para descubrir y experimentar. La Brenda que se fue, no es la misma que regresó. Ahora tengo más mundo, más semillas sembradas en mi corazón y mucho que agradecer.

Como mencioné al principio, la Granja Hogar es un lugar para dejar volar el corazón bien alto, lo que implica que se puede asustar o caer pero siempre teniendo en cuenta que se debe levantar cuantas veces caiga, porque estamos aquí para ser los pilares de los niños que se están formando y es de suma importancia esa formación. El amor de una voluntaria es esperanzador, se hace fuerte a través de la felicidad del prójimo y está hecho para compartirse. Así lo experimenté durante mi voluntariado en la ciudad de Chihuahua, dentro de la Granja Hogar, lugar donde vi crecer y que a la vez, me vio crecer.

Brenda Valdez García

Exvoluntaria Granja Hogar Chihuahua

Exalumna del Instituto Lux

Brenda 1

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