“Ich´Ich Kulbél”

“Ich´Ich Kulbél” significa corazón contento en lengua Tének, creo que es la frase que mejor puede expresar mi experiencia de voluntariado.

Mi nombre es Fernanda García Balderas y fui voluntaria en Aquismón, S.L.P, un municipio que se encuentra dentro de la huasteca potosina. Aquismón es un lugar mágico, con una belleza natural única y una cultura de la cual me enamoré por completo. La mayoría de la población ahí es Tének. Son pocos los Tének que viven en la cabecera municipal, la mayoría vive en comunidades dentro de la sierra y la cabecera se caracteriza por tener mayor población mestiza.

Cada sábado por la mañana, las calles de Aquismón se llenan de colores y bordados muy bonitos que son los que caracterizan la vestimenta típica de los Tének, pues bajan desde sus comunidades a hacer sus compras en el mercado que únicamente se pone los sábados.

Aquismón es un lugar en donde la gente conoce la importancia de preservar sus tradiciones y cultura. A pesar de que cada vez hay más población mestiza, no se deja de lado las tradiciones que son importantes para los Tének; como sus danzas, su música, los festejos patronales, Xantolo (día de muertos) que es, sin duda, la tradición más importante para ellos. Sin embargo, las desigualdades tanto económicas como sociales, el rechazo, y la pérdida de identidad es una realidad que están viviendo los Tének. Por lo que, muchos niños y jóvenes se están alejando de sus raíces, provocando que ya no quieran hablar su lengua, ni usar las vestimentas típicas por miedo al rechazo o burla de sus compañeros de la escuela.

Mi trabajo como voluntaria fue en un colegio llamado Francisco Javier Mina, dirigido por religiosas Misioneras Hijas de la Purísima Virgen María. El colegio cuenta con preescolar y primaria, se encuentra en la cabecera municipal, sin embargo hay muchos niños Tének que estudian ahí también.

La visión y misión del Colegio Francisco Javier Mina, es precisamente el lidiar con este problema social y cultural que existe en Aquismón. Enseñarles a los niños la importancia de mantener y respetar sus raíces, así como sus tradiciones. Romper con esta barrera cultural, los prejuicios, crear una unión cultural, al menos dentro del colegio.

Lo que hacíamos mi compañera Cristy y yo dentro del colegio era ayudar con lo que se necesitara en el momento. Suplíamos a maestros cuando se requiriera, entrenábamos a los niños en basquetbol, futbol y voleibol, dábamos los desayunos, ayudábamos en la organización de eventos, etc. Como el horario era por la mañana, muchas tardes nos quedaban libres para poder visitar comunidades, que estaban bastante cerca. Ayudábamos a las madres con las pláticas en las comunidades, visitar enfermos, llevar la comunión, etc.

Durante mi estancia en Aquismón tuve la oportunidad de conocer y aprender sobre una cultura y forma de vivir completamente diferente a la que estaba acostumbrada. La vida es sumamente tranquila ahí. Los Tének tienen una visión sobre la vida muy armónica con la naturaleza y todo lo que los rodea; pareciera que todo en sus vidas transcurre muy lento, pero realmente se dan el tiempo de disfrutar y aprovechar cada momento, cada instante. El poder convivir con ellos de manera cercana, tanto con los niños en el colegio como con las familias en las comunidades, me dio una perspectiva muy amplia y diferente sobre su mundo, algo que agradezco enormemente.

Lo más importante y valioso para mí dentro del voluntariado fue la recepción y cariño que me dieron desde los primeros días. La gente es tan cálida y de un corazón enorme, tanto así que en poco tiempo nos hicieron sentir parte de sus vidas y su rutina. La convivencia con los niños dentro del colegio fue algo increíble, pues había momentos en los que era una más de ellos, pero también otros momentos en los que podíamos compartir momentos dentro el salón en alguna clase y aprender juntos. El amor de los niños es enorme y sin medidas, son tan transparentes y auténticos, que no me hacía falta más que ser yo misma cuando estaba con ellos y poder jugar y también acompañarlos en su proceso de formación, esto último fue lo más bonito que pude vivir, el ser testigo y acompañante en la formación de estos niños de los cuales, muchos de ellos llegaban a la escuela agobiados de problemas familiares, problemas económicos realmente serios, violencia dentro de sus casas, cansados por la larga caminata que tuvieron que hacer para poder llegar al colegio, preocupados por no poder tener las calificaciones exigidas por sus padres… un sinfín de preocupaciones que un niño no debe tener. Pero al entrar en el colegio, entraban a zona segura, así lo sentían muchos de ellos, por lo cual, lo más importante para mí era poder brindarles cariño, comprensión y confianza.

Finalicé mi voluntariado con el corazón enormemente agradecido por todo lo vivido y aprendido, por el amor recibido y encontrado, por cada experiencia vivida con los niños y las comunidades, por cada danza que bailé y me hizo sentir parte de ese lugar y esa gente. Agradecida por los corazones tan grandes y bonitos que pude conocer y con los que pude compartir momentos que sé que estarán siempre conmigo, recordándome ese pequeño y bonito lugar del que alguna vez me sentí parte y donde conocí el significado de la entrega, el trabajo, la familia, el amor puro y desinteresado. Donde conocí una muy bonita versión de mí misma, guiada por los sentimientos y el corazón, dispuesta a conocer una vida y un mundo tan incomprendido y juzgado, tan aislado, tan desprestigiado y abandonado.

Un mundo lleno de riquezas que en ningún otro lugar podría encontrar, riquezas para el alma, riquezas que no pueden tocarse, pero si sentirse, vivirse y admirarse. Un mundo lleno de gente que ama y entiende el significado de vivir en comunidad, de compartir este mundo que no es nuestro, sino de todos, gente que admiro y me llevo en el corazón para nunca olvidar que aún falta mucho por hacer y que no quiero dejar de luchar por que algún día exista justicia y podamos entender que el otro es un igual al que debemos amar y cuidar. Y estoy convencida de que este cambio sólo puede darse a través del amor.

Fernanda García Balderas

Exvoluntaria en Aquismón, S.L.P

Exalumna del Instituto Lux

3. Fer García

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