Los ojos de un ciego

Iba con una imagen clara de ti,
no te veía como algo físico,
sin embargo sabía,
cómo era tu presencia en mi vida.

Puedo jurar haberte visto,
en la mirada de un ciego,
y hasta ahí me di cuenta,
que realmente no te conocía.

Pero desde ahí pude sentirte,
presente en el día a día,
desde esa simple mirada,
me brindaste algo que creía no se sentía.

Y todo cambió,
porque pude seguir viéndote,
en la sonrisa de un niño,
y en la brisa de aire caliente.

Puedo decir felizmente,
que ahora te siento siempre,
cuando leo un buen libro,
o en el silencio casi nunca presente.

Goretti Hernández López
Alumna de 4° de Bachillerato del Instituto Lux

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