Misión de Bachajón

            ¿Quién diría que estar un año en lo desconocido me ayudó a comprender mejor lo conocido? Después de vivir un año en Chiapas más allá de los retos que se me presentan; empecé a identificar mi voluntariado como un compromiso y como un momento en mi vida el cual lo estaba viviendo desde mi voluntad de servir y dar lo mejor de mí mismo.

            El proyecto en el que participé, es la Misión de Bachajón, un tesoro de la compañía de Jesús con un largo caminar histórico, varios momentos críticos y una fuerte lucha para lograr lo que ahorita es. La Misión trabaja con la cultura Tseltal, apoyando mucho la interculturalidad y fortalecimiento de raíces para que se pudiera salir adelante, sin la necesidad de ser del todo parte de un México globalizado y corrupto. Constantemente fue un proceso deconstructivo, ya que, me limité a juzgar como malo lo de mi alrededor, porque juzgar sin conocer es volver a caer en el mismo cuento de siempre y tropezar con la misma piedra, así que decidí escuchar y aprender.

            Es impresionante como una sociedad que en un mapa se ve tan simple es tan compleja y como vivir en la ciudad donde muchas veces se ve tan complejo puede llegar a ser simple.

            Hubo muchos momentos dentro de mi voluntariado en el que deseaba tener súper poderes para poder salvar de toda injusticia y luchar contra lo que daña a la sociedad y a la cultura con la que conviví. Pero creo que ese fue uno de los primeros golpes que me dieron; el saber que no soy un superhéroe. Pero aquí empezó lo interesante: se hizo personal, dejé de pensar en qué cambiar de mí para ser más fuerte y más poderoso, más bien, comencé a pensar en cómo desde lo que soy y lo que voy creciendo; puedo influir a mi alrededor, no forzosamente moviendo montañas, sino haciendo actos concretos de amor, aquí es donde encontré la verdadera fuerza y el verdadero súper poder que todos tenemos.

            Mi trabajo concreto fue en Pastoral, trabajé con jóvenes mayores de 15 años, teniendo talleres, retiros, jornadas, campamentos, etc. Y cada fin de semana me juntaba con un grupo a darles pláticas y dinámicas sobre la realidad social que vivimos en México, así como la sociedad en la que se desenvuelven, que en este caso es Chilón (Municipio de Chiapas). Realmente era un espacio muy importante para mí, porque podía escuchar las opiniones de los jóvenes y eso fortaleció mis pensamientos, ya que, al final de cuentas yo también sigo siendo joven. Me di cuenta de cómo esta corrupta muchas veces la idea de la juventud desde la mirada del adulto, o incluso, desde lo que se nos enseña o se nos dice como jóvenes. Los tiempos van cambiando, y como tal la juventud también. Creo que la mejor manera de canalizarlo siendo joven es cuestionar razonablemente y comenzar a preocuparse por una comunidad más allá de nuestra individualidad. Seguido me encuentro con jóvenes tan brillantes en Chiapas que estoy seguro que solo necesitan un impulso para salir adelante, y aquí va mi primera invitación de las varias que voy a hacer a lo largo del texto: Atrévete a ser ese impulso para después poder ser impulsado.

            A los jóvenes igual se nos carga mucho la responsabilidad del futuro, pero este futuro del que hablamos es un camino que se nos ha ido dejando por los que van creciendo y creando y así sucesivamente. Entonces tú como adulto, ¿Qué tanto has hecho para dejar ese camino estructurado y sin tantas piedras? De esta pregunta parto para plantear otra buena lección que aprendí en voluntariado: definitivamente no puedes exigir algo a alguien, si no estás dispuesto a responder con la exigencia que estas pidiendo. Así mismo, tú como joven ¿Qué tanto estás dispuesto a estructurar ese camino para que futuros generaciones pasen con facilidad? Creo que estamos en un punto en el que, como ya antes había mencionado, ya no podemos solamente pensar en esta vida sin tener la capacidad de compartir y dar la mano aun cuando no te la den de vuelta.

            En mi voluntariado conviví con la cultura Tseltal, y aunque no estoy de lleno con ellos y no aprendí el idioma, me llevo muchas enseñanzas de esta hermosa cultura. Me enseñaron a tomar más en cuenta a mi corazón y el de los demás, así como a escuchar antes de hablar. Algo muy importante que me transmitieron fue la fuerza en la fe, con la cual pude encontrar a un Dios que estuvo muy presente en mi voluntariado, ya que dejo de tomar el papel de una figura pública en el que me puedo justificar y muchas veces no asumir mi responsabilidad, y se convirtió en alguien cercano, al cual pude encontrar hasta donde menos lo esperaba. Esto me hizo sentir pequeño y a la vez grande, llegando a una conclusión pragmática: no somos nada, pero aun así estamos. Y en ese estar es donde puedo encontrar a Dios, en un preciso momento, en un lugar, en alguna persona. Y creo que más allá de buscar y buscar es disfrutar y vivir.

            Pude vivir de cerca un proceso que actualmente se está llevando a cabo en la Misión de Bachajón, llamado Gobierno Comunitario, el cual consiste en sacar a los partidos políticos de las zonas abarcadas por la Misión para que los pueblos se puedan regir por Usos y Costumbres, con la experiencia y palabras de los antepasados. Es una experiencia muy fuerte, porque mientras en el país se está viviendo las candidaturas políticas y toda la publicidad de campaña, ahí donde viví se está luchando por quitar todo eso, por todas las injusticias que se viven. Al acompañar a compañeros Tseltales en una peregrinación para exigir justicia; pude entender en cierta parte la frase “YA BASTA”. Es impactante como en donde vivo hablar de política es sinónimo de corrupción, es muy entendible, ya que es un pueblo que ha sido pisoteado y humillado tantas veces que lo único que quieren es tener una dignidad despierta, y creo que después de tanto, ya es hasta cansado seguir confiando en el gobierno, así que decidieron tener su propia iniciativa. Y esto me dejó una fuerte lección, la cual es; la esperanza no muere, sí nosotros la mantenemos despierta, caer en el conformismo es exponer al vulnerable.

Concluyo citando a un grande, “En un mundo de plástico y ruido, yo quiero ser de barro y silencio” (Galeano E.). Yo prefiero saber cuándo me equivoco, tener la capacidad de volver a moldearme que simplemente dejar todo en lo material y lo cotidiano, prefiero escuchar para aprender que gritar para reprimir. Al inicio hacía referencia a como desde mi voluntad daba lo mejor de mí en esta experiencia, ahora, el verdadero compromiso es empezar el voluntariado fuera de la experiencia, estar en constante aprendizaje, para desde lo que soy dar de mí lo mejor.

Ricardo David Rosas Ojeda

Exvoluntario en Misión de Bachajón

Exalumno del Instituto Lux

 

Misión bachajón (Richi) (1)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s