Taller de líderes ignacianos

“El liderazgo no es estar arriba de todos, es estar abajo trabajando con todos”

El asistir al campamento de líderes me ayudó a consolidar herramientas que me había dado el Lux antes. En el campamento pude conocer a muchas personas de las diferentes escuelas invitadas, las cuales puedo considerar mis amistades, aunque fueron solamente cuatro días, y creo que puedo hablar por todos, nos hicimos muy unidos, con varios mantengo contacto.

De los momentos más significativos que viví en el campamento son los cuestionarios sobre la vida, me invitaron a darme un clavado a mi historia, mi presente y mi futuro, algo que, como alumno de sexto, me ayudaron a poder clarificar aún más mi presente lleno de emociones por vivir mis últimos días como alumno del Lux, y también a vivir mi futuro sin temor al voluntariado y a la universidad.

Yo creo que los jóvenes debemos de ser líderes al estilo de ignaciano, todos iguales, nadie encima de nadie, con una buena comunicación, porque como les compartí al grupo: “muchos líderes sin comunicación, estorban. Es mejor ser un líder que con comunicación, con todo el grupo construya”. Pero para ser un líder ignaciano no es fácil, se necesita vencer primero que nada, al ego, que es un enemigo que se siente “bien”, pues tú te sientes arriba, con más responsabilidades que el otro, etc., también hay que vencer a la comodidad y la flojera, que al “tener tantas responsabilidades” dejas de lado unas para poder cumplir con otras, esa es una característica del liderazgo, conocer tus límites, si no puedes siempre podrás contar con tu equipo, no todo lo debes hacer tú.

En mi cabeza surgió una pregunta “ya me voy del Lux, aprendí muchas cosas de la espiritualidad ignaciana ¿qué voy hacer para que esto no se quede en el Lux? ¿Cómo me lo llevo a lo cotidiano?” y después de pensarlo mucho, me doy cuenta que es sencillo, trato de “ser contemplativo en la acción”, saber discernir cuándo quedarme callado y cuándo hablar, cuando actuar y cuando no debo actuar, sensibilizarme ante las situaciones de los demás, primero reconocerme en la otra persona, saber que la otra persona también piensa, siente, tiene emociones, etc.

En el campamento te decían “Dios no es ese señor barbudo que nos tiene atados como marionetas, Dios es el que nos mueve el corazón, se mete en nuestra cabeza y nos da consejos, pero nosotros sabremos si tomamos esos consejos o hacemos lo que queremos”, yo pude sentir a Dios principalmente en mis compañeros de grupo, al compartir nuestra vida; cuando una de mis compañeras de Irapuato nos compartió su vida, se movió algo en mí que me dijo “dile lo que aprendiste en Ejercicios Espirituales” y al terminar todos de participar, pedí la palabra y en grupo les compartí mi experiencia de Ejercicios y les pedí que en sus situaciones muy personales meditaran y aprendieran a perdonarse, para poder perdonar a los que los lastimaron, que no se sintieran culpables por nada.

La invitación que más hace eco en mi corazón es: “ve, cumple tu principio y fundamento, habla con el corazón en la mano y nunca estarás solo”, esto porque cuando me tocó hablar sentía como las palabras salían de mi corazón y no al cien por ciento de mi cabeza.

Marcelo Gallardo

Alumno de 6° de bachillerato del Instituto Lux

Campamento de líderes ignacianos (1)

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